2019-10-28

Carta - A Celia de la Serna [Julio 1954]


Ciudad de Guatemala, 4 de julio de 1954 

Vieja:
  Todo ha pasado como un sueño lindo que uno no se empeña luego en seguir despierto. La realidad está tocando muchas puertas y ya comienzan a sonar las descargas que premian la adhesión más encendida al antiguo régimen. La traición sigue siendo patrimonio del ejército, y una vez más se aprueba el aforismo que indica la liquidación del ejército como el verdadero principio de la democracia (si el aforismo no existe, lo creo yo) […].
La verdad cruda es que Arbenz no supo estar a la altura de las circunstancias.
Así se produjo todo:
Después de iniciar la agresión desde Honduras y sin previa declaración de guerra ni nada por el estilo (todavía protestando por supuestas violaciones de fronteras), los aviones vinieron a bombardear la ciudad. Estábamos completamente indefensos, ya que no había aviones, ni artillería antiaérea, ni refugios. Hubo algunos muertos, pocos. El pánico, sin embargo, entró en el pueblo y sobre todo en «el valiente y leal ejército de Guatemala». Una misión militar norteamericana entrevistó al presidente y le amenazó con bombardear en forma a Guatemala y reducirla a ruinas, y la declaración de guerra de Honduras y Nicaragua que estados Unidos haría suya por existir pactos de ayuda mutua. Los militares se cagaron hasta las patas y pusieron un ultimátum a Arbenz.
Este no pensó en que la ciudad estaba llena de reaccionarios y que las casas que se perdieron serían las de ellos y no del pueblo, que no tiene nada y que era el que defendía al gobierno. No pensó que un pueblo en armas es un poder invencible a pesar del ejemplo de Corea e Indochina. Pudo haber dado armas al pueblo y no quiso, y el resultado es este.
Yo ya tenía mi puestito pero lo perdí inmediatamente, de modo que estoy como al principio, pero sin deudas, porque decidí cancelarlas por razones de fuerza mayor. Vivo cómodamente en razón de algún buen amigo que devolvió favores y no necesito nada. De mi vida futura nada sé, salvo que es probable que vaya a México. Con un poco de vergüenza te comunico que me divertí como mono durante estos días. Esa sensación mágica de invulnerabilidad que te decía en otra carta me hacía relamer de gusto cuando veía la gente correr como loca apenas venían los aviones o, en la noche, cuando lo apagones se llenaba la ciudad de balazos. De paso te diré que los bombarderos livianos tienen su imponencia. Vi a uno largarse sobre un blanco relativamente cercano a donde yo estaba y se veía el aparato que se agrandaba por momentos mientras de las alas le salían con intermitencias  lengüitas de fuego y sonaba el ruido de su metralla y de las ametralladoras livianas con que le tiraban. De pronto quedaba un momento suspendido en el aire, horizontal, y enseguida daba un pique velocísimo y se sentía el retumbar de la tierra por la bomba. Ahora pasó todo eso y sólo se oyen los cohetes de los reaccionarios que salen de la tierra como hormigas a festejar el triunfo y tratar de linchar comunistas como llaman ellos a todos los del gobierno anterior. Las embajadas están llenas hasta el tope, y la nuestra junto con la de México son las peores. Se hace mucho deporte con todo esto pero es evidente que a los pocos gordos se la iban a dar con queso.
Si querés tener una idea de la orientación de este gobierno, te daré un par de datos: uno de los primeros pueblos que tomaron los invasores fue una propiedad de la frutera donde los empleados estaban en huelga. Al llegar inmediatamente acabada la huelga, llevaron a los líderes al cementerio y los mataron arrojándoles granadas en el pecho. Una noche salió de la catedral una luz de bengala cuando la ciudad estaba a oscuras y el avión volando. La primera acción de gracias la dio el obispo; la segunda, Foster Dulles, que es abogado de la frutera. Hoy, 4 de julio, hay una solemne misa con todo el aparato escénico, y todos los diarios felicitan al gobierno de Estados Unidos por su fecha en términos estrambóticos.
Vieja, veré cómo te mando estas cartas, porque si las mando por correo me cortan los nervios (el presidente dijo –creer es cuestión tuya– que este era un país con los nervios bien puestos). Un gran abrazo para todos.

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Fuente: Centro de Estudios Che Guevara.


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