México 29-9
Querida Tita:
Hoy, a la distancia –material y espiritual– que me separa de Guatemala, releí su carta para contestarle y me pareció extraña. La encontraba con un calor especial, en su desesperación por no poder hacer nada, que realmente emociona.
Me gustaría creer que mucho de eso era por mí pero me imagino que lo más era provocado por Guatemala. Afuera y adentro sentíamos lo mismo; igual que la República Española, traicionados por dentro y por fuera, no caímos (permítame arar un poco) con la misma nobleza. El momento era otro y todo lo que le habrán explicado los compañeros que me permití mandarle, pero faltó algo de todas maneras. Desde aquí miro las cosas con una perspectiva totalmente diferente y me empiezo a dar cuenta de que México jugó en esta comedia el triste papel de Francia en aquella otra. El
clima que se respira es completamente diferente al de Guatemala. Aquí también se puede decir lo que se quiere, pero a condición de poder pagarlo en algún lado; es decir, se respira la democracia del dólar. Francamente, prefiero meterme en las ruinas y no oír decir a uno de los mejores poetas de México que fue una locura de Guatemala “coquetear con Rusia”. El enemigo de Guatemala fueron los comunistas; ya se olvidaron de quién pagó los aviones y quién puso al pelele que está ahora y todo lo demás.
Argentina junta en su enorme proporción de castrados una fuerza que le permite mantener una política mucho más coherente que la de este país donde la valentía individual es un requisito axiomático.
Volviendo al momento presente; le habrá extrañado una carta que a lo mejor recibiera Gargiulo con una serie de cosas incomprensibles. Por si llegó esa le explicaré: Inmediatamente después de la caída de Arbenz escribí un artículo que no pude mandar yo por correo porque me corrían de cerca y dejé encargado que lo hiciera a un muchacho, muy buena persona pero que se acobardó un poco y no lo hizo a pesar de que el peligro era nulo para él. Yo ignoraba eso y, ante unas correcciones que Carlos Manuel (que la debe haber visitado) me hizo, le envié esa carta a Gargiulo pero sin poder explicarle nada ya que estaba asilado de contrabando.
Explíquele ud. todo esto, el artículo no lo mando pues no tiene actualidad y allí hay personas mucho más autorizadas para hablar del tema.
Mis aspiraciones no han cambiado y siempre mi norte inmediato es Europa y el mediato Asia; cómo, es otro cantar. De México, fuera de esa impresión general no le puedo contar nada definitivo, de mí tampoco. Espero que Ud. haya terminado, o esté por la carrera de m. en que se metió y este aprontando las alas para volar a algún lado si es que aquél u otro no se las corta con la prosaica tijera del matrimonio.
Tita, el siempre listo abrazo y las gracias por escribirme una carta tan linda como aquella de Guatemala.
La dirección, la misma, consulado argentino pero México.
Ernesto.
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Fuente: Cálida presencia. Adys Cupull y Froilán González, Editorial Gente Común, 2009.
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